España propone que una nueva misión europea patrulle el mar Rojo pero se excluye de la misma | España

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España defiende que la Unión Europea ponga en marcha una nueva operación para apoyar a Estados Unidos en la protección de los buques que navegan por el mar Rojo de los ataques de los rebeldes hutíes de Yemen, aliados de Irán, y rechaza que esta misión se encomiende a la Operación Atalanta, creada en 2008 para luchar contra la piratería en las costas de Somalia, según fuentes gubernamentales. Las mismas fuentes subrayan que Atalanta, cuyo cuartel general está en la base de Rota (Cádiz), solo cuenta actualmente con un buque, la fragata española Victoria, que está dedicada a monitorizar al carguero búlgaro de bandera maltesa MV Ruen, secuestrado desde el pasado día 14, por lo que no está en condiciones de asumir más cometidos. Las mismas fuentes puntualizan que España no planea participar en esa eventual misión europea en el mar Rojo, ya que todos sus medios los tiene comprometidos.

A través de una nota, el Ministerio de Defensa ha asegurado este sábado que no se puede presentar la misión de protección de buques en el Mar Rojo como una “mera extensión” de la Operación Atalanta de lucha contra la piratería. “Es obvio que la naturaleza y objetivos de Atalanta en el Océano Índico nada tienen que ver con los que se pretenden alcanzar en el Mar Rojo”, aduce el departamento que dirige Margarita Robles. “España quiere preservar la Operación Atalanta, con los objetivos, extensión y alcance actuales, al constatarse que la lucha contra la piratería, tal y como se está viendo en los últimos días con dos buques pirateados en muy escaso lapso de tiempo, exige la máxima dedicación, como está haciendo España con su fragata Victoria”. “Para tener la máxima eficacia, a la que debe aspirarse en el Mar Rojo, es imprescindible la creación de una nueva y específica misión, con alcance, medios y objetivos propios, acordada por los organismos correspondientes de la UE, a la que de ningún modo se opone España”, concluye la nota.

La operación militar promovida por Estados Unidos para garantizar la libre navegación por el mar Rojo ha provocado una inesperada tensión entre Madrid y Washington. En el Gobierno español generó disgusto que el jefe del Pentágono, Lloyd Austin, incluyera el pasado lunes sin previo aviso a España entre los 10 países que iban a participar en la operación Guardian de la Prosperidad, comandada por Estados Unidos. La propia portavoz del Gobierno, Pilar Alegría, tuvo que desmentirlo públicamente, asegurando que España no participaría de forma “unilateral” en la coalición, aunque el Ministerio de Defensa dejó claro que sí podría hacerlo “en el marco de la OTAN o la Unión Europea”.

El camino pareció despejarse al día siguiente cuando, en una reunión extraordinaria del Comité Político y de Seguridad (CPS) europeo, a nivel de embajadores, se acordó que la UE participara en la vigilancia en el mar Rojo a través de la Operación Atalanta. El Alto Comisionado de la UE, Josep Borrell, anunció la decisión a través de la red social X y aseguró que se intensificaría el intercambio de información con Estados Unidos y se reforzaría la presencia naval europea con medios adicionales. “Esto demuestra el papel de la UE como proveedor de seguridad marítima. Acompañamos nuestras palabras con acciones”, remató. Sin embargo, al día siguiente, en una reunión técnica, España vetó el cambio de mandato de la Operación Atalanta para incluir el mar Rojo, como adelantó El Confidencial.

Según fuentes diplomáticas, este giro estuvo detrás de la conversación que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, mantuvo el viernes con el jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez, oficialmente para felicitarle por su reelección. Aunque La Moncloa no hizo ninguna alusión al tema en su comunicado, la Casa Blanca sí aseguró que ambos mandatarios habían destacado la necesidad de que el conflicto de Gaza no se extienda por la región y habían condenado “los continuos ataques hutíes contra buques en el mar Rojo”, comprometiéndose a mantener la cooperación entre sus respectivos países.

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El mismo viernes, tras reunirse con Pedro Sánchez en el Congreso, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, reveló que este le había dicho que “la decisión española de momento es no intervenir; o, al menos, no intervenir en las condiciones solicitadas por Estados Unidos”. El jueves, en declaraciones a la SER, la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, había calificado de “enormemente hipócrita” la celeridad de la comunidad internacional para proteger intereses comerciales en el mar Rojo y su pasividad a la hora de defender a la población civil de Gaza. Los hutíes aseguran que solo atacan a los buques que se dirigen a Israel, pero en la práctica han convertido en objetivo cualquier barco que haya pasado por puertos israelíes o al que atribuyan supuestas vinculaciones con dicho país, lo que amenaza la navegación por una vía por la que circula en torno al 10% del comercio mundial.

España tiene un papel fundamental en la Operación Atalanta, ya que su cuartel general está en la base de Rota (Cádiz) y su responsable es el vicealmirante español Ignacio Villanueva Sánchez. Tras la retirada del buque italiano, la fragata española Victoria es la única con la que cuenta. Ni siquiera dispone de un avión de patrulla marítima, pues su despliegue en la zona está condicionado por la temporada de los monzones.

Fuentes militares señalan que, sin mayores medios, es imposible asumir nuevos cometidos sobre todo porque, después de tres años de inactividad, se ha producido una reactivación de los ataques de los piratas somalíes, con dos secuestros (un pesquero iraní y un carguero búlgaro) en las últimas semanas. Sí sería posible, matizan, si se reforzaran significativamente sus medios y se aprobara un plan de operaciones. La escasa anchura del mar Rojo hace que el tiempo de reacción ante un ataque desde la costa yemení sea muy corto, lo que obliga a los escoltas a navegar cerca de los buques protegidos y siempre dentro del alcance de sus armas. Los drones con los que se han realizado la mayoría de los ataques son lentos, pero plantean el dilema de si vale la pena gastar carísimos misiles en derribarlos. Además, desde el punto de vista político, un conflicto con los hutíes es un conflicto con Irán por vía interpuesta.

El portavoz del Pentágono aseguró el jueves que más de 20 países se habían unido a la operación Guardian de la Prosperidad, pero esta vez no facilitó sus nombres. De momento, Reino Unido, Francia, Italia y Grecia han anunciado el envío de buques o los tienen ya en la zona. Washington ha recurrido a reactivar las Fuerzas Marítimas Combinas (CMF), una alianza de 39 marinas de guerra que se creó en 2001 para proteger la seguridad marítima, a raíz de los atentados del 11-S. Las CMF, de las que forma parte España, las coordina el vicealmirante jefe del Mando Naval Central de Estados Unidos, con base en Baréin, con un comodoro británico como adjunto.

Fuentes diplomáticas de Estados Unidos aseguraron el sábado por la noche que la llamada de Biden a Sánchez había sido programada mucho antes de la sesión de la UE en Bruselas sobre la operación en el Mar Rojo. El motivo de la llamada era felicitar al presidente Sánchez por la formación de un nuevo gobierno, insistieron. Los dos mandatarios, según las mismas fuentes, centraron la discusión en la fortaleza de la relación bilateral, incluyendo la cooperación en materia de migración y seguridad, así como la crisis humanitaria en Gaza.

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