‘La sociedad de la nieve’, el milagro trágico de la montaña

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Hace 10 años, mientras J.A. Bayona rodaba Lo imposible, cayó en sus manos el libro La sociedad de la nieve, de Paolo Vierci. Un best seller internacional en el que el uruguayo recomponía la tragedia y milagro de los Andes, ocurrido en 1972. En octubre de aquel año, la aerolínea uruguaya 571 proveniente de Montevideo con destino Santiago de Chile se estrelló en el Valle de las Lágrimas, en mitad de la cordillera andina. En él viajaba, sobre todo, un equipo joven de rugby con sus acompañantes y familiares. 29 de los 45 pasajeros sobrevivieron al accidente. Y atrapados entre paredes nevadas, dos meses y medio después, 72 días y sus 72 noches, encontraron a 16 de los pasajeros con vida.

La historia es más que conocida. Por el impacto que causó y porque ha sido llevada al cine, siendo la más conocida, ¡Viven! (Frank Marshall, 1993). Bayona la conocía, como todos, pero el libro de Vierci le impactó de otra manera, le abrió otra forma de verla y le influyó, de hecho, en Lo imposible, cuyo título sacó de sus páginas. Una década después, La sociedad de la nieve llega a los cines (15 de diciembre y 4 de enero en Netflix), que debería verse por la impresionante reconstrucción del accidente, pero también, y sobre todo, por esos 72 días de soledad, de desesperanza, de la fe humana frente a la implacable majestuosidad natural de las montañas.

La soledad de la montaña.

Quim Vives/Netflix

Bayona tenía dos retos principales frente a una película de inmensas magnitudes. Por una parte, el lado humano. Habló durante horas con los supervivientes, quería mostrar el desafío emocional de todo lo que supuso, en los muy distintos puntos de vista, los que se quedaron en la montaña, los que volvieron a casa. El cuidado, el compañerismo, el entregarse al otro, la confianza, la culpa… todo eso que les produjo llevar a tener que comerse a sus compañeros para sobrevivir. Y, por otro, el paisaje, el lugar, la localización. Para esto, decidió que no quería pantallas verdes y efectos digitales, quería montaña, quería nieve, quería realismo.

“Y lograr ese realismo en un set, en el que la nieve no es real, es muy complicado. Por eso rodamos casi todo en alta montaña, en lugares de difícil acceso, enfrentando nieve, viento y frío”, explica Bayona.



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